Archive for enero, 2007

24 enero 2007

Dignidad periférica

Artículos como el que aparece en el dominical de El País del día 21 de enero, sobre la cooperación ciudadana para, a lo largo de varias décadas, convertir una zona degradada de la periferia barcelonesa en un ejemplo de integración social y de lucha por los derechos, da un poco de esperanza a los pocos que creen que el asociacionismo es la mejor arma para conseguir barrios y ciudades más habitables.
Nou Barris lo han convertido en lo que es ahora los vecinos, y no las instituciones públicas, aunque nunca se han desaprovechado ayudas, sobretodo económicas. Y mucha ilusón, esa que faltaba cuando la gente ya no creía en aquello de que la unión hace la fuerza y el individualismo se convirtió en la excusa para la desidia, es la que convierte espacios inertes en centros
públicos de actividad cultural.
La pena es que en Madrid todo eso se perdiera hace ya muchos años, y esa desidia hace que asumamos como incontestables cualquier decisión que nos venga de las administraciones locales (obras que no entendemos, reformas absurdas, manipulación en los medios, intromisiones en la política nacional con fines electoralistas …). En fin, que componemos el campo ideal para que los
políticos hagan lo que quieran y las pocas veces que se protesta por algo se ridiculiza, muchas veces porque la protesta en sí lo es (recordemos a cierta baronesa que de repente se hizo ecologista).

Tampoco hay que olvidar que a veces sí se atiende a las pocas voces que protestan o simplemente sugieren (un carril bici gracias a las firmas de los interesados, por ejemplo).
Como conclusión, se pueden sacar dos ideas después de la lectura de este reportaje del que mostramos al final el enlace. La primera, que ya se comentaba en una entrada anterior, es que no tiene sentido una estructura centralista en la ciudad de Madrid (que muchas veces es más mental que física). Barrios dormitorio, sin apenas actividad cultural (no incluir, por
favor, los templos del consumo) y en las que todos sus habitantes acuden al centro de la ciudad para casi todas las actividades del ocio y a otros centros para trabajar (lo que provoca muchos de los colapsos actuales en el transporte público). La cultura de barrio debe volver, la dignidad de vivir en la periferia y así evitar aglomeraciones tan absurdas como las que se dan cuando
todo el mundo va alos mismos sitios a tomar copas (provocando ruido, mal olor… en muchas ocasiones), a ver arte o simplemente para pasear (y no sólo en la Plaza Mayor en navidad).
Y la segunda idea es que la participación ciudadana no es solo una vez cada cuatro años, y que todos y todas decidimos sobre el lugar en el que vivimos, en el que convivimos con nuestros vecinos y en las zonas públicas en las que juegan los que formarán el futuro de nuestra sociedad.

El prodigio de Nou Barris

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24 enero 2007

Dignidad periférica

Artículos como el que aparece en el dominical de El País del día 21 de enero, sobre la cooperación ciudadana para, a lo largo de varias décadas, convertir una zona degradada de la periferia barcelonesa en un ejemplo de integración social y de lucha por los derechos, da un poco de esperanza a los pocos que creen que el asociacionismo es la mejor arma para conseguir barrios y ciudades más habitables.
Nou Barris lo han convertido en lo que es ahora los vecinos, y no las instituciones públicas, aunque nunca se han desaprovechado ayudas, sobretodo económicas. Y mucha ilusón, esa que faltaba cuando la gente ya no creía en aquello de que la unión hace la fuerza y el individualismo se convirtió en la excusa para la desidia, es la que convierte espacios inertes en centros
públicos de actividad cultural.
La pena es que en Madrid todo eso se perdiera hace ya muchos años, y esa desidia hace que asumamos como incontestables cualquier decisión que nos venga de las administraciones locales (obras que no entendemos, reformas absurdas, manipulación en los medios, intromisiones en la política nacional con fines electoralistas …). En fin, que componemos el campo ideal para que los
políticos hagan lo que quieran y las pocas veces que se protesta por algo se ridiculiza, muchas veces porque la protesta en sí lo es (recordemos a cierta baronesa que de repente se hizo ecologista).

Tampoco hay que olvidar que a veces sí se atiende a las pocas voces que protestan o simplemente sugieren (un carril bici gracias a las firmas de los interesados, por ejemplo).
Como conclusión, se pueden sacar dos ideas después de la lectura de este reportaje del que mostramos al final el enlace. La primera, que ya se comentaba en una entrada anterior, es que no tiene sentido una estructura centralista en la ciudad de Madrid (que muchas veces es más mental que física). Barrios dormitorio, sin apenas actividad cultural (no incluir, por
favor, los templos del consumo) y en las que todos sus habitantes acuden al centro de la ciudad para casi todas las actividades del ocio y a otros centros para trabajar (lo que provoca muchos de los colapsos actuales en el transporte público). La cultura de barrio debe volver, la dignidad de vivir en la periferia y así evitar aglomeraciones tan absurdas como las que se dan cuando
todo el mundo va alos mismos sitios a tomar copas (provocando ruido, mal olor… en muchas ocasiones), a ver arte o simplemente para pasear (y no sólo en la Plaza Mayor en navidad).
Y la segunda idea es que la participación ciudadana no es solo una vez cada cuatro años, y que todos y todas decidimos sobre el lugar en el que vivimos, en el que convivimos con nuestros vecinos y en las zonas públicas en las que juegan los que formarán el futuro de nuestra sociedad.

El prodigio de Nou Barris

24 enero 2007

Dignidad periférica

Artículos como el que aparece en el dominical de El País del día 21 de enero, sobre la cooperación ciudadana para, a lo largo de varias décadas, convertir una zona degradada de la periferia barcelonesa en un ejemplo de integración social y de lucha por los derechos, da un poco de esperanza a los pocos que creen que el asociacionismo es la mejor arma para conseguir barrios y ciudades más habitables.
Nou Barris lo han convertido en lo que es ahora los vecinos, y no las instituciones públicas, aunque nunca se han desaprovechado ayudas, sobretodo económicas. Y mucha ilusón, esa que faltaba cuando la gente ya no creía en aquello de que la unión hace la fuerza y el individualismo se convirtió en la excusa para la desidia, es la que convierte espacios inertes en centros públicos de actividad cultural.
La pena es que en Madrid todo eso se perdiera hace ya muchos años, y esa desidia hace que asumamos como incontestables cualquier decisión que nos venga de las administraciones locales (obras que no entendemos, reformas absurdas, manipulación en los medios, intromisiones en la política nacional con fines electoralistas …). En fin, que componemos el campo ideal para que los
políticos hagan lo que quieran y las pocas veces que se protesta por algo se ridiculiza, muchas veces porque la protesta en sí lo es (recordemos a cierta baronesa que de repente se hizo ecologista).
Tampoco hay que olvidar que a veces sí se atiende a las pocas voces que protestan o simplemente sugieren (un carril bici gracias a las firmas de los interesados, por ejemplo).
Como conclusión, se pueden sacar dos ideas después de la lectura de este reportaje del que mostramos al final el enlace. La primera, que ya se comentaba en una entrada anterior, es que no tiene sentido una estructura centralista en la ciudad de Madrid (que muchas veces es más mental que física). Barrios dormitorio, sin apenas actividad cultural (no incluir, por favor, los templos del consumo) y en las que todos sus habitantes acuden al centro de la ciudad para casi todas las actividades del ocio y a otros centros para trabajar (lo que provoca muchos de los colapsos actuales en el transporte público). La cultura de barrio debe volver, la dignidad de vivir en la periferia y así evitar aglomeraciones tan absurdas como las que se dan cuando
todo el mundo va alos mismos sitios a tomar copas (provocando ruido, mal olor… en muchas ocasiones), a ver arte o simplemente para pasear (y no sólo en la Plaza Mayor en navidad).
Y la segunda idea es que la participación ciudadana no es solo una vez cada cuatro años, y que todos y todas decidimos sobre el lugar en el que vivimos, en el que convivimos con nuestros vecinos y en las zonas públicas en las que juegan los que formarán el futuro de nuestra sociedad.

El prodigio de Nou Barris

24 enero 2007

Dignidad periférica

Artículos como el que aparece en el dominical de El País del día 21 de enero, sobre la cooperación ciudadana para, a lo largo de varias décadas, convertir una zona degradada de la periferia barcelonesa en un ejemplo de integración social y de lucha por los derechos, da un poco de esperanza a los pocos que creen que el asociacionismo es la mejor arma para conseguir barrios y ciudades más habitables.
Nou Barris lo han convertido en lo que es ahora los vecinos, y no las instituciones públicas, aunque nunca se han desaprovechado ayudas, sobretodo económicas. Y mucha ilusón, esa que faltaba cuando la gente ya no creía en aquello de que la unión hace la fuerza y el individualismo se convirtió en la excusa para la desidia, es la que convierte espacios inertes en centros públicos de actividad cultural.
La pena es que en Madrid todo eso se perdiera hace ya muchos años, y esa desidia hace que asumamos como incontestables cualquier decisión que nos venga de las administraciones locales (obras que no entendemos, reformas absurdas, manipulación en los medios, intromisiones en la política nacional con fines electoralistas …). En fin, que componemos el campo ideal para que los
políticos hagan lo que quieran y las pocas veces que se protesta por algo se ridiculiza, muchas veces porque la protesta en sí lo es (recordemos a cierta baronesa que de repente se hizo ecologista).
Tampoco hay que olvidar que a veces sí se atiende a las pocas voces que protestan o simplemente sugieren (un carril bici gracias a las firmas de los interesados, por ejemplo).
Como conclusión, se pueden sacar dos ideas después de la lectura de este reportaje del que mostramos al final el enlace. La primera, que ya se comentaba en una entrada anterior, es que no tiene sentido una estructura centralista en la ciudad de Madrid (que muchas veces es más mental que física). Barrios dormitorio, sin apenas actividad cultural (no incluir, por favor, los templos del consumo) y en las que todos sus habitantes acuden al centro de la ciudad para casi todas las actividades del ocio y a otros centros para trabajar (lo que provoca muchos de los colapsos actuales en el transporte público). La cultura de barrio debe volver, la dignidad de vivir en la periferia y así evitar aglomeraciones tan absurdas como las que se dan cuando
todo el mundo va alos mismos sitios a tomar copas (provocando ruido, mal olor… en muchas ocasiones), a ver arte o simplemente para pasear (y no sólo en la Plaza Mayor en navidad).
Y la segunda idea es que la participación ciudadana no es solo una vez cada cuatro años, y que todos y todas decidimos sobre el lugar en el que vivimos, en el que convivimos con nuestros vecinos y en las zonas públicas en las que juegan los que formarán el futuro de nuestra sociedad.

El prodigio de Nou Barris

24 enero 2007

Dignidad periférica

Artículos como el que aparece en el dominical de El País del día 21 de enero, sobre la cooperación ciudadana para, a lo largo de varias décadas, convertir una zona degradada de la periferia barcelonesa en un ejemplo de integración social y de lucha por los derechos, da un poco de esperanza a los pocos que creen que el asociacionismo es la mejor arma para conseguir barrios y ciudades más habitables.
Nou Barris lo han convertido en lo que es ahora los vecinos, y no las instituciones públicas, aunque nunca se han desaprovechado ayudas, sobretodo económicas. Y mucha ilusón, esa que faltaba cuando la gente ya no creía en aquello de que la unión hace la fuerza y el individualismo se convirtió en la excusa para la desidia, es la que convierte espacios inertes en centros públicos de actividad cultural.
La pena es que en Madrid todo eso se perdiera hace ya muchos años, y esa desidia hace que asumamos como incontestables cualquier decisión que nos venga de las administraciones locales (obras que no entendemos, reformas absurdas, manipulación en los medios, intromisiones en la política nacional con fines electoralistas …). En fin, que componemos el campo ideal para que los
políticos hagan lo que quieran y las pocas veces que se protesta por algo se ridiculiza, muchas veces porque la protesta en sí lo es (recordemos a cierta baronesa que de repente se hizo ecologista).
Tampoco hay que olvidar que a veces sí se atiende a las pocas voces que protestan o simplemente sugieren (un carril bici gracias a las firmas de los interesados, por ejemplo).
Como conclusión, se pueden sacar dos ideas después de la lectura de este reportaje del que mostramos al final el enlace. La primera, que ya se comentaba en una entrada anterior, es que no tiene sentido una estructura centralista en la ciudad de Madrid (que muchas veces es más mental que física). Barrios dormitorio, sin apenas actividad cultural (no incluir, por favor, los templos del consumo) y en las que todos sus habitantes acuden al centro de la ciudad para casi todas las actividades del ocio y a otros centros para trabajar (lo que provoca muchos de los colapsos actuales en el transporte público). La cultura de barrio debe volver, la dignidad de vivir en la periferia y así evitar aglomeraciones tan absurdas como las que se dan cuando
todo el mundo va alos mismos sitios a tomar copas (provocando ruido, mal olor… en muchas ocasiones), a ver arte o simplemente para pasear (y no sólo en la Plaza Mayor en navidad).
Y la segunda idea es que la participación ciudadana no es solo una vez cada cuatro años, y que todos y todas decidimos sobre el lugar en el que vivimos, en el que convivimos con nuestros vecinos y en las zonas públicas en las que juegan los que formarán el futuro de nuestra sociedad.

El prodigio de Nou Barris

22 enero 2007

Colocadas y colocados

Hay declaraciones políticas que, vengan de donde vengan, deben hacernos recapacitar sobre quién gestiona nuestros servicios públicos y, hasta que punto, hemos olvidado nuestros deberes (de participación y protesta) y, sobretodo, nuestros derechos.
El tema del transporte es casi tan importante como el de la educación o la sanidad y por lo tanto debemos exigir tanto como podamos un servicio inmejorable, porque es base fundamental de nuestra cada vez más deteriorada calidad de vida en Madrid (teniendo en cuenta que el transporte privado es caso perdido).Para todos los que utilizamos el metro y el resto de los transportes públicos y vamos todos los días a trabajar, con más o menos ganas, pero en principio con una buena actitud, la sonrisa poco a poco se va mermando con los empujones, las malas caras, los retrasos en los trenes, en definitiva una incomodidad que solo es el resultado de una mala previsión del aumento de viajeros que han decidido prescindir del transporte privado, pero al que muchos volverán porque sencillamente no se sienten ganado.Esa falta de previsión, o quizás que gran parte del presupuesto se ha destinado a nuevas estaciones, muchas que lo necesitaban desde hace años y otras en las que todavía no vive nadie, pero en las que se ha pactado con constructoras que ya habían prometido el metro para sus carísimas promociones de viviendas.
Por eso las palabras de la consejera de transportes de la Comunidad de Madrid, denunciando que los únicos responsables de los problemas en el metro son los propios viajeros, que no saben colocarse en los vagones, es como de risa. O no, porque llegar tarde al trabajo no tiene mucha gracia y menos que eso ocurra a menudo.
Cierto es que los modales y la actitud de muchos viajeros no es la correcta, pero la otra actitud de la gran mayoría es la que mantiene una convivencia pacífica en un entorno que parece una auténtica jungla.
Como suele pasar, el transporte público es atacado y denostado principalmente por aquellos que nunca lo usan y que por no sacrificar su teórica comodidad, hacen que moverse por Madrid sea un auténtico vía crucis.
Otro tema es que Madrid es una ciudad muy mal estructurada, en las que la mayoría viven lejos de sus puestos de trabajo, todos localizados en las mismas zonas, y que además se siguen llenando de rascacielos que se están construyendo en este mismo instante, pero eso mejor lo dejamos para otro día.

22 enero 2007

Colocadas y colocados

Hay declaraciones políticas que, vengan de donde vengan, deben hacernos recapacitar sobre quién gestiona nuestros servicios públicos y, hasta que punto, hemos olvidado nuestros deberes (de participación y protesta) y, sobretodo, nuestros derechos.
El tema del transporte es casi tan importante como el de la educación o la sanidad y por lo tanto debemos exigir tanto como podamos un servicio inmejorable, porque es base fundamental de nuestra cada vez más deteriorada calidad de vida en Madrid (teniendo en cuenta que el transporte privado es caso perdido).Para todos los que utilizamos el metro y el resto de los transportes públicos y vamos todos los días a trabajar, con más o menos ganas, pero en principio con una buena actitud, la sonrisa poco a poco se va mermando con los empujones, las malas caras, los retrasos en los trenes, en definitiva una incomodidad que solo es el resultado de una mala previsión del aumento de viajeros que han decidido prescindir del transporte privado, pero al que muchos volverán porque sencillamente no se sienten ganado.Esa falta de previsión, o quizás que gran parte del presupuesto se ha destinado a nuevas estaciones, muchas que lo necesitaban desde hace años y otras en las que todavía no vive nadie, pero en las que se ha pactado con constructoras que ya habían prometido el metro para sus carísimas promociones de viviendas.
Por eso las palabras de la consejera de transportes de la Comunidad de Madrid, denunciando que los únicos responsables de los problemas en el metro son los propios viajeros, que no saben colocarse en los vagones, es como de risa. O no, porque llegar tarde al trabajo no tiene mucha gracia y menos que eso ocurra a menudo.
Cierto es que los modales y la actitud de muchos viajeros no es la correcta, pero la otra actitud de la gran mayoría es la que mantiene una convivencia pacífica en un entorno que parece una auténtica jungla.
Como suele pasar, el transporte público es atacado y denostado principalmente por aquellos que nunca lo usan y que por no sacrificar su teórica comodidad, hacen que moverse por Madrid sea un auténtico vía crucis.
Otro tema es que Madrid es una ciudad muy mal estructurada, en las que la mayoría viven lejos de sus puestos de trabajo, todos localizados en las mismas zonas, y que además se siguen llenando de rascacielos que se están construyendo en este mismo instante, pero eso mejor lo dejamos para otro día.
22 enero 2007

Colocadas y colocados

Hay declaraciones políticas que, vengan de donde vengan, deben hacernos recapacitar sobre quién gestiona nuestros servicios públicos y, hasta que punto, hemos olvidado nuestros deberes (de participación y protesta) y, sobretodo, nuestros derechos.
El tema del transporte es casi tan importante como el de la educación o la sanidad y por lo tanto debemos exigir tanto como podamos un servicio inmejorable, porque es base fundamental de nuestra cada vez más deteriorada calidad de vida en Madrid (teniendo en cuenta que el transporte privado es caso perdido).Para todos los que utilizamos el metro y el resto de los transportes públicos y vamos todos los días a trabajar, con más o menos ganas, pero en principio con una buena actitud, la sonrisa poco a poco se va mermando con los empujones, las malas caras, los retrasos en los trenes, en definitiva una incomodidad que solo es el resultado de una mala previsión del aumento de viajeros que han decidido prescindir del transporte privado, pero al que muchos volverán porque sencillamente no se sienten ganado.Esa falta de previsión, o quizás que gran parte del presupuesto se ha destinado a nuevas estaciones, muchas que lo necesitaban desde hace años y otras en las que todavía no vive nadie, pero en las que se ha pactado con constructoras que ya habían prometido el metro para sus carísimas promociones de viviendas.
Por eso las palabras de la consejera de transportes de la Comunidad de Madrid, denunciando que los únicos responsables de los problemas en el metro son los propios viajeros, que no saben colocarse en los vagones, es como de risa. O no, porque llegar tarde al trabajo no tiene mucha gracia y menos que eso ocurra a menudo.
Cierto es que los modales y la actitud de muchos viajeros no es la correcta, pero la otra actitud de la gran mayoría es la que mantiene una convivencia pacífica en un entorno que parece una auténtica jungla.
Como suele pasar, el transporte público es atacado y denostado principalmente por aquellos que nunca lo usan y que por no sacrificar su teórica comodidad, hacen que moverse por Madrid sea un auténtico vía crucis.
Otro tema es que Madrid es una ciudad muy mal estructurada, en las que la mayoría viven lejos de sus puestos de trabajo, todos localizados en las mismas zonas, y que además se siguen llenando de rascacielos que se están construyendo en este mismo instante, pero eso mejor lo dejamos para otro día.
12 enero 2007

Sin comentarios…

12 enero 2007

Sin comentarios…